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jueves, 4 de octubre de 2007

El Cerro Miriñaque

El sistema de Haedo comprende generalmente cuchillas aplanadas muy características de algunas regiones del norte del país. Dentro de la gran cantidad de sistemas de cuchillas como Cuchilla de los once cerros, Tres cerros de Cuñapirú, entre otras, realizamos una visita a uno de los cerros “chatos”, perteneciente a una de estas formaciones de cuchillas, más característicos, representativos y pintorescos del Departamento de Rivera: el cerro “Miriñaque”.

Ubicado a escasos metros de la Ruta 5, este cerro que alcanza una altura de unos 2800 sobre el nivel del mar aproximadamente, se encuentra sobre la ruta que nos lleva hacia Minas de Corrales. Una vez más en compañía y guiados por nuestro buen amigo el Ing. Andrés Berrutti nos propusimos subir a este particular cerro, no solo por el afán aventurero sino también por encontrar en él especies autóctonas de sumo interés, alguna de las cuales corren riesgo de desaparecer.

Al cerro se accede más fácilmente por el lado donde presenta laderas escalonadas, típicas de muchas formaciones de los cerros del norte. En el acceso a la cima encontramos muchas especies comunes a la vegetación de serranías, Lantanas, Verbenas, Congorosa (Maytenus ilicifolius), Canelones (Rapanea laetevirens), entre otros.

Si continuamos subiendo prácticamente unos metros antes de acceder a la cima propiamente dicha, encontramos unos espectaculares ejemplares de un árbol no muy común y difundido de nuestra flora, Agarista eucalyptoides.

Sin duda el motivo principal que nos llevó a esta particular cima, además de disfrutar de una espectacular vista y un viento continuo que nos acompaña durante nuestra estadía, fue la de apreciar una formación de palmar enano constituido por las palmeras “Yatay poñi”, Butiá paraguayensis. Estas pequeñas palmeras de follaje verde grisáceo generalmente no superan los 2 metros de altura y forman un espectacular palmar en toda la cima del cerro, encontrándose algún ejemplar aislado en alguna de las laderas.
Dos emociones nos alcanzan al apreciar estos magníficos parajes, uno el de tener la suerte y la posibilidad de poder llegar a apreciar estas riquezas vegetales que lentamente dejan de ser frecuentes en nuestros paisajes; y la otra emoción es de una tremenda lástima e impotencia de presenciar como estos ejemplares se están muriendo en vida sin nadie ni nada que los proteja.

Pudimos apreciar que las palmeras “Yatay poñi”, por mas de un factor tienen los días contados (por lo menos en este lugar). Uno de los factores principales es que los chivos salvajes se comen y destrozan los frutos de las palmeras antes de que maduren. Esto obviamente imposibilita la reproducción lógica natural de cada especie. Además sabemos que su reproducción fuera de su hábitat natural no es sencilla. Pero no todo es culpa de la naturaleza, este cerro está ubicado en terrenos privados y su suelo, sobre todo en la cima y alrededores son inexplotables tanto para ganadería como para cultivo.

Entonces uno se pregunta, ¿por qué se deja que sus propietarios quemen los campos de manera indiscriminada sin control alguno? Si bien uno puede entender que estas medidas utilizadas en nuestros campos se han hecho durante generaciones, y benefician la eliminación de pastizales favoreciendo el crecimiento de hierba fresca, no comprendemos por que estas medidas llevan a la eliminación de grandes poblaciones de especies, sobre todo de aquellas que crecen al nivel del suelo.

Este problema lo hemos visto no sólo en este cerro sino también en muchas zonas aledañas, exterminando una enormidad de plantas que ingenuamente fuimos a visitar nuevamente y que otrora dominaban las cumbres de los cerros (Específicamente las gigantescas poblaciones de Notocactus herteri en los cerros aledañas a la ciudad de Tranqueras en Rivera que fueron arrasadas).

Es realmente una tristeza enorme apreciar a los pequeños pero a su vez longevos troncos de las Yatay poñi totalmente calcinados en su base, producto de la quema de campos, que realmente poco importa si tienen “malezas” o no ya que son totalmente improductivos. Así está marcado su destino, si los chivos salvajes dejaran por casualidad alguna semilla que pudiera germinar, el fuego de sus propietarios se encargará de que esto no suceda.

Si realmente es cierto que en el Uruguay la jardinería ha crecido, tal como algunas personas afirman, creemos que la protección de nuestros jardines naturales que forman parte del gran paisaje de muchas regiones del país, es una forma de demostrar que la jardinería y afines han crecido por un afán puramente cultural y como una opción de vida y no como un “snobismo” o salida laboral frente a una situación social muy particular del país.

Así podemos apreciar una de las últimas, y más importantes reservas de estas palmeritas muy particulares, que desde lo alto de uno de los cerros más conocidos del norte de nuestro país, miran como pasa el tiempo, soportando los fuertes vientos y contando los días del resto de su vida como condenados a muerte, esperando su hora final sin nada ni nadie que por lo pronto pueda o quiera cambiar el inevitable destino que les hemos marcado.


Este artículo fue publicado en la revista Jardines y flores en el Uruguay en Noviembre del año 2001, de la cual fui editor responsable. Andrés Berrutti, nuestro amigo y guía, morador y “caminador” de los montes y las quebradas del norte del país, además de Ingeniero Agrónomo nos llevó y acompañó por varios lugares olvidados o casi desconocidos de nuestro país, que motivaron varios artículos nuestros y varios de él, los cuales con el correr del tiempo volveremos a publicar aquí.
Aclaremos también que Andrés es la persona de las que conocimos en el país que más sabe sobre nuestra flora nativa, autodenominado simplemente, como un “conocedor” de nuestra flora.

Behind The Web

Todas las fotos presentadas en este blog son de mi autoría, y en caso de no serlo figura a quien corresponde la misma, contando por supuesto con su autorización.

La mayoría de las fotos son de plantas cultivadas por mi desde semillas o pequeños gajos, y las fotos de plantas en sus respectivos hábitats son fotos tomadas en innumerables viajes por todo el Uruguay y zonas limítrofes de Argentina y Brasil.

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